Correr con 85 años, con 90, con 100…

No entiendo qué le pasa a la gente, no entiendo ni siquiera a veces a mi familia. 
Tirada en la cama le doy vueltas y vueltas a sus comentarios y me pregunto, “¿será que estoy loca? ¿ es que soy una ingenua o una idealista totalmente alejada de la realidad?
Repaso una vez tras otra sus palabras “Pilar, tú sabes que eso es imposible”, “esas cosas son para gente joven, tú ya no tienes edad” o “eso es muyyyy difícil” “habría que cambiar muchas cosas”, supone “demasiado esfuerzo”.

Entonces me quiero esconder debajo de la cama y no salir jamás. Si la vida tiene que ser como ellos dicen, si uno tiene que cruzarse de brazos, si no debemos desear mejorar y cambiar y subir y subir hasta tocar aunque solo sea ligeramente nuestras ambiciones, entonces, me quedo aquí y no salgo nunca más.
Y lo hago, pero como no hay en mi dormitorio un “debajo de la cama”, sino un cajón, cojo las sábanas y me tapo hasta que, – siempre sin excepción (debe ser que pienso demasiado alto), alguien me escucha desde el cielo y a su manera me vuelve a cargar de “esperanza”.
Hoy lo ha hecho a través de este video “la abuelita que ama correr”. 
Esta abuelita con osteoporosis y cáncer de mamá no se cruzó de brazos, se puso a correr.
Mientras hay vida hay esperanza.
Supongo que es más cómodo sentarse a ver cómo pasan los años, como en una película de la que no formamos parte; pero yo voy a seguir subiendo la escalera, cada día un peldaño, sólo uno, sin prisas porque uno solo no es “demasiado esfuerzo” y si esta abuelita con sus 85 años puede yo no me voy a rendir.
Opto por moverme, optó por el running, optó por el WaldenRun.
Una nueva forma de pensar, porque en alguna medida soy responsable de lo que le sucede a mi cuerpo, de lo que hago con mi mente y de lo que hago con mi vida
Quiero tomar parte en este proceso. Quiero seguir creciendo.
¿Y tú? No te cruces de brazos, el cambio empieza con el movimiento, acércate al WaldenRun

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