Estas Navidades apaguemos la sección de sucesos

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Hace tiempo que apagué mis televisiones.
Ahora solo veo películas de vez en cuando y para mantenerme al día ojeo el periódico, fundamentalmente la sección de economía.
El ochenta por ciento de lo que se proyecta (diría el 99%) son terribles desgracias, ya sea vía sucesos, accidentes o míseros desencuentros entre personajes más o menos populares.
Cerraba mi día, sin ser consciente, estresada con la sensación de que vivimos en un mundo ruin y mezquino lleno de odio, violencia y egoísmo.
¿Tendrá que ver el insomnio con esto?
Creemos que los problemas de los demás nos relajan porque hacen pequeños los nuestros, pero no es así. La carga emocional que lanzan penetra en nuestro subconsciente y mientras dormimos descargan su fuerza en nuestros sueños.
La Tele Miente. Debe escandalizar para subir audiencia.
Hay muchísima gente que no se pelea por una manzana, que no odia a su hermano y que regalaría su camisa a un desconocido.
Estas historias no venden. Queremos cotilleo, escándalo.
¿Sabéis una cosa? Creemos que ver esto no tiene consecuencias, sin embargo nos hace más daño del que podemos imaginar.
Ha cambiado nuestra mente. Este hábito ha entrado como el bicho de la película “Alien” en nuestro cerebro, pero de forma más sibilina:
 
La mente ha copiado el hábito de los periodistas de la tele y lo ha trasladado a nuestro proyector mental.
Ya sólo somos capaces de “pensar” desgracias.
Paseamos con el Radar de Sucesos desplegado en el neocórtex y detectamos únicamente “aquello que puede haber salido mal, podría salir mal o incluso no llegó a ocurrir pero uffff seguro que próxima vez viene cargadito”.
¡¡¡Qué panorama más alegre!!!
Mis fuentes de alimentación sólo reciben sucesos reales o imaginarios pero negativos cien por cien.
 
¿Aún nos preguntamos por qué no somos felices, porqué estamos deprimidos o porque somos tan catastrofistas?
 
Sed objetivos. No os dejéis manipular, si queréis ver, hacedlo, pero mirarlo todo, así seréis más libres para tomar la decisión de si queréis ser felices o estar tristes.
La Tele miente: 
Violan a una chica corriendo pero hay millones que corren sin que les pase nada; se estrella un avión pero vuelan millones sin incidencias; se tiran de los pelos los “famosos” en la tele pero millones de personas sencillas como nosotros se ayudan y se perdonan.
La Mente miente: Las has entrenado a mentir. 
Tu hijo puede tener un accidente un día, pero otros millones ha estado en peligro y su ángel de la guarda le ha salvado. Yo lo tengo clarísimo con mi hija Carmen que desde pequeña ha estado haciendo locuras sin que yo haya estado a su lado para salvarla.
Tu hermano puede tener una enfermedad terrible pero ¿cuantos amigos, hijos, primos, tíos y padres tienes que están bien? En mi caso somos una familiar grandísima, un accidente de ascensor mató a José Amián, pero de alguna manera sabíamos que Dios ya nos había evitado hasta entonces otros. Hemos elegido mirar el amor tan inmenso que sentimos los unos por los otros que hace que nos perdonemos absolutamente todo.
Tu trabajo, tus obligaciones, tus responsabilidades etc pueden tener días duros y agotadores, pero ¿cuántos días buenos hay que no valoras?
En nuestras vidas suceden cosas misteriosas que ni miramos, corazonadas que nos salvan de un pequeño desastre, llamadas repentinas que nos llenan de alegría, besos, abrazos, sonrisas, viajes y detalles bonitos que borramos de la página de sucesos.
 
Yo he elegido ser libre.
Miro todo: lo bueno y lo malo, pero desde hace tiempo sólo me detengo en lo primero. Desde entonces lloro mucho más que antes, pero de alegría.
Cuando corro, por ejemplo, no proyecto el esfuerzo o el sufrimiento sino la imagen de un cuerpo sano con piernas, brazos y caderas diseñado para moverse erguido a su ritmo mirando al cielo….. ¿cuánta gente daría cualquier cosa por poder hacer eso? Entonces lloro de agradecimiento.
 
Las Navidades traen un mensaje de esperanza que yo he elegido agarrar.
César y Pilar (mis niños, Carmen estará en Australia), estos días que os tendré en España, vais a tener que soportar mi alegría (y mis millones de besos).
Cojamos esa antorcha para buscar desde hoy dentro de nuestras vidas sólo aquello bueno que hemos recibido. Os prometo que la lista será interminable
¿Os Ayudo?
Os sugiero un pequeño barrido de telarañas con nuestro Walden Runfulness 😉
Pilar Amián
Fundadora del #metodowalden
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