Reto número 3:

NARIZ O BOCA, ¿QUIÉN GANA LA PARTIDA?

Si te regalaran todos los billetes de veinte euros que pudieras cargar en un camión durante cinco minutos, ¿cuántas manos usarías? ¿una o dos?

 

Si te dijera que cuanto más oxígeno inhales más energía tendrán tus células. ¿Cuántos canales de entrada usarías? ¿Uno o dos?

 

Encontrarás fundamentos que apoyen tanto la respiración por la boca como la respiración por la nariz.

Yo te sugiero que sea tu propia experiencia quien elija; pero no te decantes por una sin haber probado la otra.

 

Transpórtate mentalmente a aquellas situaciones en las que tu instinto te fuerza a abrir la boca. Por ejemplo:

  • Cuando estás cansado, aburrido o con sueño.

 

Tu cerebro percibe una señal de socorro y la naturaleza responde con el acto reflejo de aspirar por la boca. Es decir, ha seleccionado la opción más rápida y eficiente de recarga.

 

¿No es cierto que corriendo muchas veces te falta el aire? ¿No es cierto que, al subir una cuesta, andar o correr, resoplas?

Tu cuerpo te grita, te ruega, te reclama: «¡Socorro aspira!».

 

En estos momentos, la nariz es un cuello de botella inflexible que ralentiza la entrada de aire e impide que entre como un tsunami.

Sin embargo, la boca es más flexible, puedes modularla en estado de escasez y abrirla como la de un pelícano o un hipopótamo.

 

En mis momentos duros —una competición a punto de alcanzar la meta, series o tratando de alcanzar a nuestra liebre Enrique— estiro el cuello, abro la boca desencajándola, dirijo la mandíbula hacia el cielo y aspiro.

 

Juega con la mandíbula para regular el oxígeno, desencájala si necesitas un plus de energía y entreciérrala si desarrollas un trote suave.

 

Prueba, y después decides. Olvida la timidez, abre bien la mandíbula y respira por ambos lados —nariz y boca—. No respires el aire, bébelo; o incluso bostézalo.

Pilar Amian

Walden Runfulness